La suite médica de los Roux se había transformado en un búnker de silencio tras la tormenta mediática. La muerte de Julián Mondragón seguía vibrando en las pantallas de televisión de todo el mundo, pero dentro de esas cuatro paredes, la realidad era mucho más íntima y aterradora.
Nathan Dubios estaba detenido frente a la puerta de roble reforzado. Su mano, la misma que había firmado la sentencia de muerte de un imperio financiero sin pestañear, se detuvo a escasos centímetros de la manija.
No p