El séptimo amanecer en los Pirineos no llegó acompañado de la luz dorada de la primavera, sino de un manto de neblina espesa y pesada que se aferraba a las copas de los abetos como un recordatorio constante de la fragilidad del mundo.
Dentro de la cabaña, el calor del hogar se mantenía gracias a la leña que Nathan había apilado meticulosamente durante la semana. La pequeña Lyra dormía plácidamente en su cuna, envuelta en las mantas que él mismo había ayudado a ajustar la noche anterior. La fieb