La aceptación no llegó acompañada de palabras amables ni de un armisticio firmado con una sonrisa. Llegó con el silencio pesado de Larissa al girarse sobre sus talones, empujar la puerta de madera y dejarla entreabierta, un gesto deliberado que en el código de la montaña significaba una sola cosa: entra bajo tu propio riesgo, pero atente a las reglas.
Fenris, el viejo lobo gris, fue el último en ceder. Lanzó un bufido sordo, con los belfos retraídos lo suficiente para mostrar los colmillos en s