El frío de la cabina del todoterreno negro no era nada comparado con el hielo que Nathan sentía en el pecho mientras conducía por la serpenteante carretera que descendía de los Pirineos. Cada kilómetro de asfalto que lo alejaba de la montaña aumentaba la presión en sus sienes, un recordatorio físico y constante de que acababa de cometer el acto más difícil de su vida: cumplir su palabra y marcharse.
Había dejado atrás su refugio. Había dejado a su omega y a su cría.
El descenso hacia el valle f