La noche en el puerto no era silenciosa. El mar golpeaba los pilotes de hormigón con una violencia rítmica, un sonido metálico y húmedo que se mezclaba con el chirrido de los contenedores de carga balanceándose bajo el viento costero. Era un lugar diseñado para esconder secretos, un cementerio industrial donde la ley no alcanzaba a tocar las sombras.
Nathan caminaba por el muelle número 4, con las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo oscuro. Su paso era pausado, desprovisto de cualquier