La llegada a la reunión fue tan impactante como inevitable.
El vehículo se detuvo frente al edificio histórico donde se celebraba el encuentro, una construcción clásica de piedra clara y ventanales altos que reflejaban la noche parisina como un espejo de poder y exclusividad. Las luces doradas del interior se filtraban hacia la calle, anunciando que allí dentro se reunían los hombres —y unas pocas mujeres— que movían los hilos invisibles de la ciudad.
Jared Davenport descendió primero.
Su porte