La piel de Amanda se erizó incluso antes de dar el primer paso. La hermosa mujer ya estaba lista para esta noche que se venía al lado de uno de los hombres más poderosos, influyentes y cotizado de Paris y ahora esposo suyo, ella solo podía dejar escapar un profundo suspiro. No sabía si era por el silencio del Pent-house, por el peso del vestido blanco que acariciaba su cuerpo como una segunda piel, o por la certeza de que, abajo, Jared Davenport la estaba esperando. Inspiró hondo antes de comenzar a descender las escaleras, consciente de que cada movimiento suyo esa noche sería observado, medido, recordado.
El vestido era impecable.
Blanco, como un desafío.
Blanco, como una declaración.
Se ajustaba con elegancia a su figura, marcando sin exagerar, insinuando sin pedir permiso. La tela caía suave sobre sus caderas, se abría apenas al caminar, revelando la seguridad contenida en cada paso. Sus hombros estaban descubiertos, su cuello alargado por un peinado cuidadosamente recogido, del c