El regreso al Pent-house fue silencioso.
París había ido apagándose poco a poco, como si la ciudad también necesitara descansar después de la intensidad de la noche. Las luces se volvían más distantes, los sonidos más escasos, y el vehículo avanzaba con suavidad por calles que ya no exigían atención. Amanda miraba por la ventanilla sin ver realmente nada. Su mente seguía atrapada en fragmentos dispersos: miradas, palabras con doble filo, el peso constante de la presencia de Jared a su lado du