El silencio cayó como una sentencia. No fue incómodo. Fue devastador.
Amanda permanecía de pie, rígida, con el cuerpo aún temblándole de un modo que no tenía que ver con el frío. El dolor sordo entre sus piernas no era lo que más le pesaba. Era ese otro, invisible, que se había instalado en su pecho como una grieta recién abierta.
Jared no se había movido.
Estaba allí, frente a ella, completamente vestido ya, como si el tiempo hubiera retrocedido solo para él. Su cuerpo masculino se había endur