— Jared, no cruces tus limites, agradezco tu predisposición de protección, pero no es necesario que te ensucies la mano para protegerme.
— Tu no entiendes que mi mundo funciona de esa manera, Amanda. Acostumbro a ensuciarme las manos.
La tensión no se disipó. No después de las palabras. No después de las miradas. No después de ese silencio espeso que parecía contener un incendio a punto de estallar. Amanda seguía allí, de pie frente a Jared, con el corazón golpeándole las costillas como si quis