El bar resplandecía como un santuario de sombras y oro. La música vibraba en el aire como un latido lento, pesado, y los murmullos se mezclaban con el tintineo de copas talladas. Desde su mesa, Amanda Portal intentaba mantener la compostura mientras dejaba que la luz cálida le acariciara el rostro. Por primera vez en días, sentía algo cercano a un hilo de libertad... incluso si esa libertad era frágil y peligrosa.
Apenas había probado su segunda copa cuando vio, desde la distancia, que Jared Davenport y el jeque Joaan Al Nayef intercambiaban un saludo. No un abrazo ni un gesto cálido, sino una inclinación breve, masculina, cargada de ese respeto silencioso que solo existe entre hombres poderosos, conscientes de que ninguno debe subestimar al otro.
Jared fue el primero en inclinar levemente la cabeza, más por cortesía estratégica que por respeto verdadero.
Joaan respondió con un gesto apenas perceptible, sus ojos oscuros evaluando al hombre francés con una mezcla de reconocimiento y ri