La penumbra no duró más que unos segundos, pero fue suficiente para alterar el pulso del salón. Cuando las luces regresaron, lo hicieron de manera gradual, suave, como si el espacio mismo quisiera prepararse para algo importante. Un murmullo expectante recorrió la gala, una vibración distinta, cargada de anticipación. Antoine Morel apareció junto a Jared casi de inmediato. No había prisa en sus movimientos, pero sí determinación. Se inclinó apenas, acercándose lo suficiente para que sus palabras quedaran suspendidas solo entre ellos.
—Jared —susurró—. Será mejor que te prepares.
Jared ladeó el rostro, atento.
—¿Para qué exactamente?
Antoine sonrió, una de esas sonrisas que anuncian decisiones irrevocables.
—Este será el primer baile de esposos de la noche —dijo en voz baja—. Y quiero concederte ese honor. A ti y a Amanda. En mi gala.
Por un instante, Jared no respondió. Sus ojos azules se desviaron hacia Amanda, que aún sostenía la copa entre los dedos, aunque ya no bebía. Ella había