La música se extinguió lentamente, como una respiración que se apaga después de un suspiro demasiado largo. El último acorde flotó en el aire del salón antes de desaparecer, y durante un segundo absoluto nadie se movió. Fue Jared quien rompió el hechizo.
— Así que eres una buena bailarina — La voz de Jared era poderosa, Amanda se sonroja, aún sintiendo la calidez de las manos del hombre.
— Soy buena en muchas cosas — Expuso ella en un susurro, Jared, sin soltar a Amanda, mantuvo su mano firme en la cintura de ella, sosteniéndola como si aquel contacto fuera una declaración más elocuente que cualquier palabra. Su postura era impecable, dominante, y cuando alzó la mirada hacia el público, el murmullo contenido se apagó por completo.
El silencio cayó como una losa. Amanda sintió cómo sus dedos comenzaban a sudar dentro de la mano de Jared. Sus piernas temblaron apenas, un temblor traicionero que solo ella percibió. El corazón le golpeaba el pecho con violencia, como si quisiera escapar.