El hielo golpeó suavemente el cristal cuando Amanda inclinó el vaso, dejando que el licor ambarino resbalara por su garganta con un ardor que no lograba apagar nada. No el miedo. No la confusión. Mucho menos la sensación de haberse quedado sin suelo bajo los pies. El bar era amplio, iluminado por luces cálidas que parecían abrazar a todos menos a ella. Gente rica, ejecutivos, turistas… risas, música suave, copas elevadas. Y allí estaba Amanda Portal, con los codos apoyados en la barra, bebiendo