El aterrizaje fue suave, casi silencioso, como si el avión comprendiera que Amanda necesitaba paz aunque fuese por un segundo. Pero nada en su interior estaba en calma. Las últimas setenta y dos horas la habían arrojado a un torbellino imposible: la humillación pública, la huida, la sombra de Joaan Al-Nayef, y ahora... Jared Davenport. Un hombre que ni siquiera había salido de su exclusiva zona privada durante el vuelo. Ni una mirada. Ni un comentario. Ni un gesto.
Amanda descendió del avión si