La sala de reuniones estaba en silencio, pero no de una forma cómoda. Era un silencio denso, cargado de todo lo que necesitaba ser dicho, pero que ninguno de los dos quería verbalizar. Ethan estaba sentado en la cabecera de la mesa, con los documentos esparcidos frente a él. Helen, en cambio, permanecía de pie, sosteniendo la carpeta como si fuera un escudo entre ambos.
Dos días… Dos días en los que ella lo trataba con una frialdad cortante. Respondía solo lo esencial, sin desviar la mirada, si