Seis meses despuésHelen sintió que el pecho se contraía en el instante en que sus ojos se posaron sobre la fotografía. El mundo a su alrededor se silenció, como si el propio tiempo la suspendiera en aquel exacto momento de agonía. La sonrisa de Ethan en la imagen, su expresión relajada junto a Miranda, la forma en que sus cuerpos parecían encajar con naturalidad… cada detalle atravesaba su alma como fragmentos de vidrio.Su corazón martillaba dentro del pecho, no por sorpresa, sino por un dolor sofocante, excruciante. Porque, en el fondo, ella siempre lo había sabido. Siempre supo que Ethan nunca la quiso. Siempre supo que, si pudiera elegir, estaría al lado de Miranda, viviendo el sueño dorado que nunca pudo tener. Y ahora, allí estaba él, mostrándole al mundo, sin pudor alguno, que todavía la deseaba.El contrato entre ellos nunca incluyó amor, pero Helen lo amaba. Amaba a Ethan de una manera que la destruía poco a poco, que le iba drenando el alma día tras día. Nunca quiso ese ma
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