El nombre de James Foster flotó en el aire como una ráfaga fría de viento en una mañana de verano. En cuanto Simone lo pronunció, el ambiente cambió. Ethan, que hasta entonces sonreía entre una hoja de cálculo y un pensamiento sobre Helen, se puso serio de inmediato. La expresión ligera dio paso a la rigidez de un hombre que cargaba el peso de muchas cicatrices… y muchas historias.
—Puedes hacerlo pasar, Simone —dijo con voz baja y firme.
La secretaria asintió y desapareció por el pasillo. Liam