Dos semanas habían pasado y Ethan y Helen estaban logrando entenderse. En ese preciso momento, el CEO estaba prácticamente desparramado en su sillón, y su aspecto era deplorable.
“Todo por el bien de la empresa”, era lo que su mente insistía en repetir para justificar su estado. ¿Todo qué, nada…? Estaba agotado. Casi dos días sin dormir y no tenía la menor idea de cómo aún no se había quedado dormido. Es decir, tal como estaba, mejor sentado, porque si estuviera de pie, sin duda caería como una