La tormenta que caía afuera era apenas una pálida metáfora del huracán que giraba dentro de ella.
Miranda caminaba bajo la lluvia fina, con el cabello mojado pegado a la piel y el labial corrido en los labios temblorosos. Sus manos apretaban con fuerza el bolso de cuero, como si fuera el último ancla de cordura que aún poseía. Pero ya no lo era. Había perdido eso mucho antes… cuando Helen entró en la vida de todos y le arrebató todo lo que creía suyo.
El tacón golpeaba con rabia contra la acera