Capítulo 92: Tarde mágica.
Luisa rió. Tomó una de las cañas. Erick la llevó a un pequeño embarcadero de madera que se adentraba en el lago. Se sentaron en el borde, con las piernas colgando sobre el agua.
—¿Y ahora qué? —preguntó ella.
—Ahora, esperar.
Puso carnada en los anzuelos. Le tendió uno a Luisa. Ella lo tomó con cara de duda.
—¿Así nomás?
—Así nomás.
Lanzaron las líneas al agua. Luisa observaba el corcho, esperando que se moviera.
—Esto es aburrido —dijo, después de unos minutos.
—La pesca es paciencia —respondi