El agua caliente de la ducha cayó sobre su cuerpo como una caricia. Luisa cerró los ojos y dejó que el vapor la envolviera, que los músculos se relajaran, que la mente se vaciara. La noche anterior aún pesaba en sus hombros, pero también había algo nuevo. Algo ligero. Algo que no sentía desde hacía años.
Cerró la llave. Salió. Se secó el cabello con la toalla, sin apuro. Frente al espejo, se miró. Sus ojos ya no tenían ojeras de tristeza. Tenían brillo. Tenían curiosidad. Tenían algo que ella m