La mañana siguiente amaneció con un sol tímido que se filtraba entre las cortinas como si pidiera permiso para entrar. Luisa había dormido mal, dando vueltas en la cama, ensayando mentalmente cada paso que iba a dar en la casa de su padre. El baúl. El sótano. Los diarios. La verdad.
Se levantó antes de que el despertador sonara. Se duchó con agua caliente, dejando que el vapor le relajara los músculos tensos. Se secó el cabello y lo dejó suelto, cayendo sobre sus hombros en ondas suaves. Abrió