Luisa subió las escaleras del sótano con el diario pegado a su piel, sintiendo cada palabra de su madre como un latido más en su pecho. Se detuvo un momento en la puerta de la cocina, respiró hondo, y pintó en su rostro la máscara que había aprendido a usar en dos años de matrimonio. Sonrisa falsa. Mirada tranquila. Manos firmes.
Salió al comedor.
La mesa ya estaba puesta. Sandra presidía la cabecera con la elegancia de una reina en su trono. Annie estaba a su derecha, con una copa de vino en l