Erick arqueó una ceja. Tomó la cuchara y comenzó a comer la sopa mientras la escuchaba. Sopa de verduras. Su favorita. Ella lo sabía. Ella siempre lo sabía todo sobre él, aunque él nunca le había preguntado nada sobre ella.
—¿A la casa de tu papá? —repitió, masticando despacio—. ¿Para qué?
—Tú sabes que yo hace rato no voy —dijo Luisa, eligiendo las palabras con cuidado, como quien camina sobre hielo delgado—. Desde que nos casamos, no he vuelto a pisar esa casa. Han pasado dos años, Erick. Dos