La noche cayó sobre la mansión como un manto de terciopelo oscuro. Luisa entró después de un largo día en la empresa, con los hombros caídos y la mente agotada. Las luces de la sala estaban apagadas. No había aroma a café recién hecho. No había música suave de fondo. No había nada.
Solo silencio.
Se detuvo en la entrada, con la mano aún en el pomo de la puerta. Sus ojos recorrieron la penumbra, buscando la silueta de él en el sillón, su figura junto a la ventana, su presencia en algún rincón. P