La sala de juntas de la empresa de Luisa estaba llena. Los socios, los accionistas, los abogados. Todos reunidos alrededor de la mesa de caoba, con expresiones que iban desde la curiosidad hasta el fastidio. El murmullo de las conversaciones se detuvo cuando Luisa entró.
Detrás de ella, caminaba Damián.
Elegante. Seguro. Con una carpeta en la mano y una sonrisa que no prometía nada bueno.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó uno de los socios, un hombre de barba cana y ojos pequeños.
—Preside la reuni