Luisa sintió que las lágrimas le quemaban detrás de los ojos.
Había sido fuerte delante de Erikc. Delante de Annie. Delante de todos los invitados que los miraron cuchichear. Pero ahora, con Damián a su lado, lejos de las miradas curiosas, el cuerpo le temblaba.
Damián lo notó al instante.
—Luisa —dijo, en voz baja—. Vamos. No estás bien.
Ella parpadeó rápido, intentando contener las lágrimas que amenazaban con caer. Se llevó una mano a los ojos y se los secó con disimulo.
—No —respondió, con l