Llegó la noche.
El salón del evento estaba espléndido. Los orgAnnie zadores no habían escatimado en gastos: arañas de cristal que derramaban luz sobre las mesas, flores frescas en cada rincón, una pista de baile que parecía de espejo, y un champagne que corría como agua entre las copas de los invitados.
Todos los empresarios respetados de la ciudad estaban allí. Unos más importantes que otros, pero al fin y al cabo, todos importantes. Todos respetados. Todos vestidos con el lujo que sus apellid