La noche era perfecta para celebrar.
El restaurante elegido por Nicolás era uno de los más exclusivos de la ciudad: luces tenues que bailaban sobre manteles de seda, candelabros de cristal que derramaban destellos dorados, camareros que se movían en silencio como sombras elegantes. Una orquesta de cámara tocaba suavemente en un rincón, y el aroma a comida exquisita flotaba en el aire, mezclándose con el perfume de las flores frescas que adornaban cada mesa.
La familia Valenzuela ocupaba una mesa