Mientras tanto, en la villa, la desesperación era total.
Cristóbal estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados, la mirada perdida en el camino de entrada. Cada luz de auto que aparecía a lo lejos le hacía contener la respiración. Cada vez que un vehículo pasaba de largo, el corazón se le hundía un poco más. Llevaba horas así, sin moverse, sin hablar, solo esperando.
El teléfono no dejaba de sonar. Llamadas de la policía, de sus contactos, de cualquiera que pudiera tener informació