La mañana en la villa amaneció con una luz dorada que se filtraba por los ventanales, pintando los muebles de madera con tonos cálidos y suaves. El lago brillaba como un espejo, los patos nadaban cerca de la orilla, y los pájaros cantaban en los árboles como si saludaran a los nuevos inquilinos.
Ana se despertó antes del amanecer, como siempre. Los mellizos aún dormían, agotados por el viaje y la emoción del día anterior. Se levantó con cuidado, se puso una bata, y caminó hacia la ventana. La v