La noche en la terraza del restaurante era perfecta.
Las luces de la ciudad se extendían hasta el horizonte como un manto de estrellas caídas en la tierra. El viento traía el aroma a jazmines de los jardines cercanos, y la música suave que salía del interior del local apenas se escuchaba, como un murmullo lejano. Sofía había elegido el lugar, el más caro, el más exclusivo, el que ella sabía que impresionaría a cualquiera.
Nicolás pidió una botella de vino tinto, el que sabía que a su hermana le