Los días siguientes fueron un infierno silencioso para Ana.
Desde que Sofía comenzó a ayudar a Nicolás en la empresa, su presencia en el apartamento era constante. Llegaba temprano, se quedaba hasta tarde, y siempre encontraba la manera de hacer notar que ahora era ella quien organizaba los documentos, quien atendía las llamadas, quien preparaba las presentaciones.
Nicolás, cegado por la gratitud y la necesidad de creer en su hermana, no veía nada raro. Para él, Sofía era la hermana que había e