Mundo ficciónIniciar sesiónEl grito de Mar se extinguió, pero el eco de su humillación quedó flotando en el aire de la cabaña, un veneno espeso y sofocante. Se quedó en el sillón, hecha un ovillo, su cuerpo sacudido por sollozos que no eran de tristeza, sino de una vergüenza tan profunda, tan absoluta, que parecía carcomerla desde adentro. El olor de su propia rendición, una mezcla de sudor frío y placer culpable, impregnaba la tela del sillón. Era una marca indeleble, la prueba física de su traición. Ya no era la trai







