109. El Flash que Capturó el Secreto
El silencio que siguió a la caída de Elio fue más profundo y aterrador que cualquier grito de batalla. Abajo, los pocos luisones que quedaban, al sentir la derrota de su Alfa, vacilaron. Su furia se desvaneció, reemplazada por un pánico primario. La jauría sin líder se desbandó, desapareciendo en las sombras de la usina como ratas que huyen de un barco que se hunde.
La batalla había terminado. Pero la usina no estaba en paz. Olía a victoria y a fracaso. A sangre y a cenizas.
Florencio se quedó