El amanecer se filtró en la cabaña como un testigo silencioso de la carnicería emocional de la noche anterior. La luz grisácea encontró tres figuras moviéndose en una órbita de desconfianza. En la habitación, Florencio, que había escuchado fragmentos de la confrontación a través de la puerta, se vestía con la rigidez de un hombre que sabe que ha perdido el control de su propio refugio. En el sillón de la sala, Mar dormía un sueño inquieto, el rostro surcado de lágrimas secas, un peón en un juego
Matías R Cisneros
Muy pronto se viene un relanzamiento y actualización definitiva de la novela. :-)