013. El Olor de tu Deseo me Pertenece
El sol de la mañana era una mentira.
Proyectaba una luz pálida y anémica sobre la arena, pero no calentaba. Era un sol que iluminaba la desolación sin ofrecer consuelo. Elio Aurelius caminaba por la playa donde su manada había fracasado. El olor a derrota, a sangre de los suyos mezclada con la vulgar pólvora humana, le provocaba un asco que le subía por la garganta como bilis.
Se agachó junto a una de las manchas oscuras. Tocó la arena con la yema de los dedos. Aún estaba impregnada. Sus lobos