Elena estaba en la botique que suele comprar sus prendas y accesorios, ubicada en una calle discreta pero elegante del centro, ofrecía prendas a medida, exclusivas y con una atención tan pulida como la seda que vendían. Ella estaba eligiendo unas prendas cuando la campana de la puerta sonó.
Cuando alzó los ojos, la vio, Margo, impecable, con un abrigo beige de corte clásico, tacones finos y ese perfume caro que invadía antes que su voz. Su presencia llenaba el lugar con una mezcla de autoridad