Elena no sabía cuánto tiempo llevaba esperando.
Estaba de pie, completamente desnuda, en medio de la habitación oscura que olía a cuero, incienso y anticipación.
Las luces eran suaves, casi como una caricia, pero no aliviaban la tensión que se acumulaba en su pecho desde que había recibido la instrucción.
“No intentes tocarme esta noche. Solo recibirás. Solo sentirás. Solo obedecerás.”
Dorian la había dejado sola por unos minutos que se sintieron eternos.
Cuando la puerta se abrió, su