Elena no solía sentirse insegura.
Desde que Dorian la había arrastrado a su mundo, sus emociones parecían tan atadas como su cuerpo en cada juego.
Controladas, reguladas, entregadas.
Pero esa noche… todo ardía.
Apoyada contra la barra del club, con una copa en la mano que no lograba enfriar su sangre, observaba.
Dorian no la había buscado desde su llegada.
Ni una mirada.
Ni un gesto.
Solo esa sonrisa cruel, esa misma con la que solía desnudarla con los ojos, dirigida… a otra.
Una pelirroja desp