Elena sentía cómo la piel le ardía con una mezcla de ansiedad y deseo apenas bajó del auto negro que la dejó frente a aquella casa de piedra, aislada, sin letreros, sin ventanas visibles. Una parte de ella se estremecía al pensar que allí, al otro lado de la puerta, no solo la esperaba Dorian... sino algo más.
La invitación había llegado de forma distinta esa vez, un sobre lacrado, sin perfume, sin palabras provocativas. Solo dos, “Privado, Nuestro.”
Un escalofrío le recorrió la espalda, llevab