La habitación estaba bañada en una luz ámbar suave, que parecía danzar como una caricia líquida sobre las paredes de piedra pulida. El silencio no era incómodo, era expectante, como si el aire contuviera la respiración.
Elena había llegado puntual, guiada por una nota escrita a mano que simplemente decía, “Desnúdate antes de entrar.” No había otras instrucciones. Solo eso, y su propio corazón latiendo con una mezcla de ansiedad y excitación.
La puerta se abrió sola al tocarla, revelando el nuev