Ambientación: La mañana después de la celebración del Contrato Quetar. La mansión Vieri, siete años después.
La mansión Vieri se había despertado con un silencio engañoso, el tipo de calma que precede a una tormenta política y a la vez, a un día de colegio. En el desayuno, el ambiente era una mezcla de ébano y marfil, el contraste de los padres que se había duplicado en sus hijos.
Alessandro Vieri, el primogénito, se sentaba a la mesa de mármol con una postura formal, sus siete años cargados