Ambientación: La Sala de Monitoreo en el corazón de la mansión Vieri. Tensión y desconfianza.
La decisión de Valeria y los gemelos de dejar que la Cábala creyera haber conseguido información generó una parálisis controlada en la seguridad. Dante Vieri sentía el peso de la responsabilidad, y la inactividad táctica iba en contra de todos sus instintos. Había una fisura emocional en su armadura, y Sara la conocía bien.
En la sala de monitoreo, un búnker subterráneo de cristal blindado y pantallas brillantes, Dante repasaba los registros de la comunicación del niño espía. A su lado, Sara manejaba la logística, coordinando a los escoltas y los horarios de los Vieri con una calma que lo exasperaba.
—Debemos aumentar el perímetro exterior, Sara —dijo Dante, golpeando la mesa. —Están tanteando el terreno. Si no respondemos con fuerza, interpretarán la calma como debilidad.
Sara detuvo su trabajo y levantó la mirada. —La calma es la estrategia de Valeria. Y es la estrategia correcta, Da