La clínica privada de Elena Vieri era más segura que cualquier bunker. Demian acompañó a Valeria y a su madre, su rostro una mezcla de ansiedad por la salud de su Emperatriz y la furia contenida por la absurda situación. Él no entendía los cambios de humor y el llanto; solo sabía que debía protegerla.
El médico, un hombre de confianza y reservado, examinó a Valeria. Demian esperaba un diagnóstico de agotamiento o estrés extremo.
Al regresar a la sala de espera, el médico sonrió a Demian y Elena