Demian se despertó con el sol en la cara, y lo primero que sintió fue el frío.
El calor familiar de un cuerpo enroscado al suyo había desaparecido. Abrió los ojos, buscando la figura de Valeria en las sábanas revueltas. Estaba vacía. Su mano se cerró en el aire, sintiendo la ausencia como un dolor punzante en el pecho, un órgano que él creía haber reemplazado hacía años con acero.
¿Por qué? se preguntó. Se había asegurado de castigarla, de doblegar su espíritu con la pasión más cruda y posesiva