El plan de Claudia era simple: la medianoche, el túnel de servicio de la antigua bodega, y un contacto que respondería al nombre clave "Fénix". La ejecución, sin embargo, dependía del caos. Y para el caos, estaba Sara.
Valeria se había vestido con ropa oscura, despidiéndose de los vestidos de seda y la ostentación de la mansión. Llevaba solo una pequeña mochila con el pasaporte seguro, el teléfono de Claudia, y una determinación helada, un contraste total con la calidez que Demian había anhela