Valeria se miró en el espejo, sintiéndose una intrusa en su propio cuerpo. El vestido de noche que Demian le había escogido no era solo elegante; era una declaración. De un profundo color esmeralda, abrazaba sus curvas rellenitas de forma exquisita, resaltando su figura con una confianza que desafiaba a la moda impuesta. No era un vestido para esconderse; era un vestido para reinar.
Demian entró en la suite. Su mirada se detuvo en Valeria, y el deseo fue tan crudo que le cortó la respiración.