ANYA
El helicóptero se eleva en cuestión de segundos, y con él, también mi pánico.
Mis muñecas duelen, las cuales ahora rozan por el cuero que las mantiene prisioneras. No puedo moverme, tampoco ya no puedo escapar. Debí haber aprovechado cuando tuve la oportunidad, ahora estoy atada y estoy siendo vigilada por estos matones, ni siquiera puedo girar del todo para ver por la ventanilla, ya que todos esos ojos están puestos sobre mí.
Pero eso no es lo peor.
Lo peor es la mirada de Serguéi, sus oj